Lo que la belleza esconde

Hoy, al salir del trabajo y cruzar el parque, me topé con una escena que si bien no es extraordinaria por su rareza, sí que es bastante exótica en un entorno urbano. Un día lluvioso, gris, de visibilidad reducida, la vista fija en el suelo para no resbalar con las hojas que hay amontonadas  y, de repente, como apareciendo de la nada ¡Un llamativo espectáculo! porque, no me diréis que esto se ve todos los días en la ciudad. El caso es que no he podido resistirme a hacer unas pocas fotos. Es, como seguramente ya habréis identificado, la amanita muscaria, una especie de seta cuya ingesta produce efectos alucinógenos. Había toda una colonia (de 10 a 15 ejemplares). La naturaleza es sabia y suele teñir con colores brillantes aquello sobre lo que, de alguna manera, quiere llamar la atención. En uno u otro sentido. Pero, por muy tóxica que sea esta seta dejemos por un momento lo que esconde y centrémonos en lo que nos muestra. Después de todo, el ejercicio de la contemplación está, por ahora, inmunizado.






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