Hoy he escuchado... "Concierto para violín y orquesta en Re mayor". Op. 77. Johannes Brahms

La figura de Joseph Joachim -a quien Brahms dedicó el concierto- es sumamente importante en el panorama musical de la segunda mitad del siglo XIX. Virtuoso violinista, director, profesor y compositor, recuperó las sonatas y partitas para violín solo de Bach, sacó del ostracismo el concierto de Beethoven y fue de los primeros en interpretar el de Mendelssohn. Schuman, Bruch, Dvorak y el propio Brahms compusieron conciertos pensados para él. Sin embargo no llegó a interpretar nunca los de Schumann y Dvorak, no sé sabe si por su dificultad técnica o porque no le entusiasmaban. Joachim fue, además, el primero en hacer una grabación fonográfica para el sello Gramophone. Corría el año 1903. El concierto, al igual que los de Beethoven y Tchakovsky, está compuesto en la tonalidad de Re mayor. Se dice que no es por casualidad y que los autores de estos conciertos buscarían en esta tonalidad una ayuda en la ejecución y una sonoridad más redonda, pues obligaría a emplear en muchos pasajes las cuerdas al aire (sin dedo que las presione) lo que imprimiría una sonoridad más plena.

El primer movimiento Allegro non troppo empieza con una larga introducción orquestal en la que se expone el material temático básico de este movimiento, construido según la modalidad de la forma-sonata. El primer tema corre a cargo de los fagots, violonchelos y contrabajos, surgiendo poco a poco de la nada. Varios motivos secundarios nos llevan a un segundo tema, de carácter magiar, en el que aparece el solista en una primera intervención muy exigente basada en el primer tema. El propio intérprete expondrá un nuevo tema mucho más lírico en el que el desarrollo orquestal alcanza proporciones monumentales. Esta sección nos lleva a una gran cadenza para el violín solo que Brahms dejó escribir a Joachim, aunque hay intérpretes que utilizan también la de Kreisler (Jascha Heifetz tiene la suya propia). Esta cadenza culmina en un fortísimo final.

El segundo movimiento se inicia con las maderas, que tendrán un protagonismo determinante en el Adagio, un movimiento de sobria belleza que contrasta con la fuerza del anterior. Destaca sobre todo la intervención del oboe, que hizo “protestar” a Joaquim por la injusticia de que el tema más bello del concierto se le diese a este instrumento, mientras todas las dificultades y entresijos de la partitura se le cargasen al violín. Bramhs se mostró inflexible a las exigencias del violinista y dejó la partitura como en un principio la había concebido.

El Allegro giocoso, ma non troppo, movimiento de carácter cíngaro, se caracteriza por su fuerza rítmica. Lo inicia el violín pero pronto contagia a toda la orquesta. La coda retoma el tema principal a una velocidad y ritmo endiablados, que se van diluyendo en un diminuendo hasta estallar en los tres acordes finales que cierran el movimiento y la obra.

Tengo al menos once versiones de este concierto, pero voy a citar tan sólo las tres, que son las que a mi juicio están por encima del resto:

David Oistrakh-Otto Klemperer-Orquesta de la Radiodifusión Francesa (1960).

En esta versión la música fluye de una forma tan armoniosa que parece suspendida en el tiempo. Flota en el aire como si quisiera entrar y permanecer eternamente en nuestros oídos. Escuchada a continuación de la de Kremer parece una obra completamente diferente. La orquesta suena grande y solemne y Klemperer hace su trabajo con eficacia y de forma brillante. Sobresaliente.

Anne-Sophie Mutter-Herbert von Karajan-Orquesta Filarmónica de Berlín (1981).

La irrupción de Mutter en la obra -allá por el minuto dos y pico- es brutal. Es la entrada más asombrosa de todas las versiones que tengo, pero rápidamente baja la adrenalina y se pone tierna. Esto es lo que más me gusta de ella, el registro camaleónico que tiene, la capacidad de cambiar de la actitud más firme a la más apasionada. Las 18 primaveras que contaba cuando hizo este registro se dejan notar. Ejecución muy limpia y virtuosa. La orquesta, de la mano de Karajan, está al servicio del intérprete, esperándole y arropándole, siempre en un prudente segundo plano. Adrenalina y delicadeza a partes iguales. Dos pequeños peros: El exagerado vibrato que imprime Mutter y, tal vez, una grabación un poco más cuidada, que seguramente ya se habrá corregido en las consiguientes revisiones reprocesadas. Sobresaliente.

David Oistrakh-George Szell-Orquesta de Cleveland (1968).

Esta es la grabación donde el violín está más presente. Me atrevería a decir que de forma casi excesiva, aunque el timbre y la sonoridad resultante son, como en todas las grabaciones de Oistrakh, tremendamente seductores. Versión majestuosa, con un nivel de registro ligeramente más alto que el resto de las grabaciones y con una sonoridad plena. La versión que tengo no está remasterizada y todos estos pequeños problemas a los que me refiero seguro que ya están solucionados. Además, hay una versión en SACD que creo merece mucho la pena. Gran trabajo de Szell y estupenda, como siempre, la Orquesta de Cleveland.






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