"El coleccionista de palabras"

El sueño de Gabriel siempre había sido ser escritor y llegar a publicar libros llenos de palabras raras, esos libros que mucha gente lee pero que casi nadie entiende. Desde muy pequeño se le conocieron aptitudes y ambición para llegar a serlo, pues su entretenimiento principal consistía en sentarse en el suelo con un libro entre las piernas y pasar las hojas, intentando interpretar lo que aquellos signos raros y caprichosos querían transmitirle. Conforme fue creciendo creyó que la realización de su sueño podría llegar a hacerse realidad si tuviese absoluto control sobre las palabras, sobre la totalidad de los vocablos que pasaban por delante de sus ojos y quedaban alojados en su memoria. Se dedicó a la ardua tarea de recopilarlos y guardarlos en lugar seguro, así, cuando los necesitase, podría recurrir a ellos.

Pasó mucho tiempo con su etapa de aprendizaje, recortando nombres, adjetivos, verbos y toda clase de figuras gramaticales que encontraba en periódicos y revistas. No se contentaba con poseer el infinitivo, sino que guardaba todos los tiempos, y de éstos, cada una de las personas. Cuando tuvo todas las palabras reunidas en un gran saco, creyó que la tarea más dura había acabado y que para escribir bastaría con ir sacando palabra tras palabra hasta llegar a conformar una historia. Así de sencillo creía Gabriel que era escribir.

Y por fin llegó el día de iniciar su andadura como escritor. Durante una temporada estuvo sacando palabras del saco y pegándolas en las páginas de un cuaderno, de tal suerte que cuando acabó y leyó el texto resultante se dio cuenta de que algo no iba bien, que el tener reunidas todas las palabras no bastaba para crear algo que pudiera llamarse “una verdadera historia”. Tenía la materia prima, el diamante en bruto, pero le faltaba la maquinaria necesaria para convertir esa piedra burda en algo hermoso, en un brillante. Si el hábito del que escribe es la palabra —entiéndase por hábito la herramienta— podría decirse que la palabra no hace al escritor como el hábito no hace al monje. No obstante, su determinación de convertirse en escritor era tan fuerte que no se vino abajo. La cuestión era hacer que las palabras seleccionadas y colocadas de manera adecuada tuviesen sentido y se convirtiesen en algo coherente. Pero… ¿Cómo?.

Desechó la idea del saco por inútil, aunque tuvo que reconocer que el haber tenido un contacto tan estrecho con las palabras lo habían convertido en un profundo conocedor del vocabulario, y por ende, de la lengua. La experiencia le fue diciendo que lo más importante para escribir buenas historias era, en primer lugar, tener albergadas las palabras en la mente, listas para ser usadas, y en segundo lugar, el saber seleccionarlas y llevar al papel las necesarias. Sólo ésas. Luego vendrían el maquillaje y los retoques necesarios, que deberían ser los que redondeasen la obra.

Gabriel aprendió con el tiempo que las historias están ahí, en la mente, mezcladas, entrelazadas, esperando pacientemente ser sacadas a la luz. Aprendió que corresponde al escritor darles forma y modelarlas hasta hacerlas creíbles, mágicas, dignas de ser leídas. El protagonista de esta historia se llama Gabriel, pero bien pudiera haberse llamado Miguel, o William, o Lev, o Fiòdor, o Mario, o… Me gustaría pensar que detrás del genio de toda esta gente se esconde una historia de aprendizaje y dedicación parecida, una historia mágica semejante a esta.




Comentarios

good post

enviado por Hotstar downlaod el 13 diciembre 2017 a las 05:50 AM CET
Sitio web:: http:// https://uniqsofts.com/hotstar-downloader-for-pc/download-hotstar-app #



Enviar un comentario

nombre:
correo electrónico:
url:
Su comentario:

sintaxis html: deshabilitado