“Doctor, tiene usted un problema”

—Cuéntemelo todo, desde el principio.
—En realidad, yo…
—Es lógico que le cueste hablar de ello. Les pasa a todos cuando vienen por primera vez. Tenga en cuenta que soy médico y que todo lo que usted me cuente es confidencial. Puede y debe hablarme con toda franqueza. Además, de ello depende que lleguemos o no a solucionar su problema. ¿Más relajado ahora?
—No, si relajado estoy, lo que pasa es que…
—Confíe en mí. Llevo más de veinte años de profesión y le aseguro que mis pacientes están plenamente satisfechos. Supongo que ya se habrá informado.
—Si, en efecto, me he informado muy bien con respecto a usted.
—Bien, entonces ¿Qué problema hay?
—Ninguno, ninguno. No hay ningún problema.
—Venga por aquí, por favor.
—De acuerdo, pero le advierto que no dispongo de mucho tiempo.
—Será cosa de unos minutos tan solo. Desnúdese de cintura para abajo.

Veinte minutos después…

—¿Ve como no ha sido tan difícil?
—La verdad es que no.
—Bien, está usted como un roble. La verdad, no alcanzo a comprender por qué necesitaba acudir a un urólogo. En lo que concierne a mi especialidad todo le funciona a la perfección ¿Le emito una factura o prefiere pasar sin ella? Ya sabe, es por lo del iva.
—Verá. No acudí a usted para hacerme un chequeo, aunque nunca está de más, desde luego. Insistió tanto y le vi tan metido en su trabajo que no quise contrariarle. Permítame una pregunta, doctor ¿La paga dentro del período voluntario o lo va a hacer con recargo por mora? Ya sabe, es por lo de la sanción. Soy inspector de Hacienda.